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Mensaje por Arashikage Kenta Miér Jun 09, 2021 8:58 am

Invierno de 1180
Isla de Hokkaido,
montañas cercanas a Sapporo

Ese invierno había comenzado especialmente crudo. Había nevado casi toda la noche y aún a esas tempranas horas del día. De regular siempre se colectaba la leña suficiente para pasar frío como aquel, pero ni siquiera la reserva del granero fue suficiente.
    Shintaro fue mi compañía esa mañana. En lugar de comenzar con el entrenamiento, como todos los días, en ese momento nuestra misión era solo recolectar leña. Sin embargo, lo difícil sería lidiar con la leña que estuviera húmeda con la nieve, pues tardaría en arder y no digamos las insanas cantidades de humo que emitiría.
    A pesar de estar bien cubiertos, la gran cantidad de nieve en la montaña nos helaba hasta los huesos. Pero podría decirse que estábamos acostumbrados.  Soportábamos peores cosas en el entrenamiento que en esa caminata entre la nieve. Además, habíamos descendido algunos metros y el aire frío era menos pesado que estando cercanos a la cima.
    Después de un tiempo de colectar, me di cuenta que había perdido de vista a Shintaro. Y no es que temiera perderme, el despistado era siempre él. Era más joven que yo, no podía culparlo. Apenas contaba 13 y yo le adelantaba hasta los 20.
    Grité su nombre, y por fortuna, contestó inmediatamente, inclusive dio su ubicación: cercano a la laguna que seguro ahora estaría congelada.
    Me tranquilicé y seguí mi faena, echando los maderos a la canasta que cargaba a cuestas. Tuve que echar mano de una pequeña hacha para cortar ramas que habían sido cubiertas por el follaje más alto y protegidas así de la nieve. Era seguro que arderían mejor.
    Pero de pronto escuché un crujido, supuse de una rama y creí que Shintaro me había encontrado de regreso. No. Se escuchó un par de veces más, cercanos a mi posición. Peiné mis alrededores con la mirada, ni rastro de Shintaro. Lo llamé y me quedé quieto, sujetando celosamente el hacha en mi mano. Quien fuera, de acercarse, terminaría con un hachazo en la frente. Pero... Podría tratarse de un animal. Había zorros albinos merodeando ese bosque, varios de nosotros los avistamos en otras ocasiones.
    Todo estaba tan silencioso que pensé que la amenaza había sido una jugarreta de mi mente. Y no lo era. Por el rabillo del ojo noté un arbusto cubierto en nieve moverse. Corrí hasta él y aparté las ramas con nieve y con el hacha en lo alto listo para atacar.
    Para mi sorpresa, no era un animal. Tampoco Shintaro ni sujeto que representara amenaza alguna; era una mujer.
    Se cayó de espaldas ante lo súbito de mi aproximar. Me quedé tan quieto como si el mismo frío me hubiera congelado en mi lugar. Había leña tirada y ella comenzó a retroceder todavía tendida sobre la nieve. Di cuenta de que no bajé el hacha y mi postura se veía más amenazante que la de ella, así que bajé el hacha y la sujeté de mi cintura. Después le ofrecí mi mano para ayudarle a ponerse en pie; sin embargo, pareció apremiarle más el recoger la leña que se había caído y mejor descendí a su nivel para ayudarla.
    A decir verdad no lo tomó de forma tranquila. Se veía nerviosa y retrocedía cuando creía que estaba muy cerca. Le reiteré que no iba hacerle daño y solo apuró sus movimientos. Una vez más le dije que no tenía que temer y se puso de pie de manera torpe.
    Era joven, tal vez unos tres años menor que yo. De piel morena, rostro redondo, pero pómulos altos, ojos en forma de almendra, oscuros como la noche. Su cabello se veía azabache y lacio, al menos lo poco que pude ver, pues portaba un gorro de color azul grisáceo con intrincados bordados en blanco. Ahora que la veía con detalle, el resto de su vestimenta, una gruesa y larga túnica, tenía los mismos adornos y colores. ¿Acaso era alguna noble? Ninguna noble recogería leña por su cuenta, pero  era la joyería que llevaba la que le dio esa idea de sus persona.
    Alcé mi mano muy despacio buscando saludarle, a la vez se lo expresaba verbalmente y así y todo, ella seguía viéndome como el extraño más peligroso que se hubiera encontrado. El hacha, supuse, no sirvió de mucho.
    Le pregunté por su nombre y... Nada. ¿No hablaba japonés? Le dije mi nombre y me señalé para que pudiera relacionarlo y después la señalé a ella. Luego de varios intentos por fin dijo... Tesh. Creo que ese era su nombre, eso o estaba maldiciendo a este extraño  que la había asustado en sus quehaceres.
   Le sonreí al obtener por fin su nombre y ella hizo un intento, mas asemejando la tímida sonrisa de una pequeña niña. Y podríamos haber tratado de comunicarnos más pero alguien en la lejanía gritó unas palabras incomprensibles. ¿Sería su familia? Eran otras dos mujeres, quizá mayores que ella, no estaba seguro. Tesh se alejó algo temerosa, viendo algo a mis espaldas. Era Shintaro, regresaba a mi. La miré de nuevo, alejándose con la leña que había recogido. Al reunirse con las dos mujeres, éstas se veían a la defensiva, como si buscaran poner la mayor distancia de estos desconocidos.
    Reparé en la voz de Shintaro, me instaba a regresar y esos hicimos. Todavía nos quedaba subir hasta el monasterio, lo positivo es que había dejado de nevar.
   En el regreso, Shintaro me sacó de dudas. Esas mujeres no eran como nosotros. Pertenecían a una tribu conocida como Ainu o Ezo, curiosamente otro nombre como se le conocía a la isla de Hokkaido. Ellos eran los habitantes originales de la isla y Shintaro decía que algunos de ellos eran brujos y brujas. Reí divertido por su explicación, no creí que esa chica fuera una bruja. Acepté lo de la tribu, eso era congruente, ya que no hablaba el mismo idioma, pero el tema sobrenatural sobrepasó el límite. La verdad es que no tenía idea de lo que el destino me deparaba en temas de esa índole.
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Mensaje por Arashikage Kenta Sáb Jun 19, 2021 9:26 pm

Octubre de 2011
Montana, Estados Unidos

Odiaba sentirme de esa forma. Era una marioneta, sin posibilidad de libre albedrío. Mi maestro lo usaba cuando necesitaba máxima eficiencia y obediencia de mi parte. Más que eso, era su máquina de matar sin conciencia. Su refuerzo, un sabueso al que mantenía cerca con una correa que manipulaba a su antojo.
    Solo escuchaba el crepitar entre las nubes, pronto llovería. No sé cómo, pero había llegado a esa casa. Estaba en las montañas, podía olfatear el fresco aroma de los abetos y otras coníferas alrededor. La casa estaba a oscuras, habían cortado la electricidad. No importaba, podía conducirme entre los pasillos sin dificultad. Todo se encontraba saqueado. No había cosa que estuviera en su lugar. Muebles destruídos, cajones fuera, manchones oscuros escaleras arriba.
    La habitación estaba igual que el resto, vandalizado, pero con un pequeño charco de sangre en la cama. Creí ver lo que eran un par de pequeños dedos a la orilla del colchón. Unos pasos se acercan a mi lado y escucho sus palabras clave al oído: “Arashi no kage o terashite”.
    También odio esa sensación tras despertar. Es como si un tanto me atravesara la cabeza, la mirada se siente borrosa por unos segundos y después vuelve la conciencia.
    La escena era de horror. La habitación tenía sangre por todos lados. También había sido saqueada y los pequeños dedos que creí ver, ahora eran una realidad tangible. Había sangre en el suelo, no en abundancia, sino como testigo de lo que había pasado. Un hombre joven yacía destazado en el suelo. Podías ver su rostro y dar cuenta de su edad, pero la cabeza estaba penosamente cercenada, parte de los tejidos y la piel aún la unían al cuello que alguna vez la sostuvo.
    Sus entrañas despedazadas y esparcidas por el suelo. Él caminaba sobre éstas sin pena alguna. Miré de nuevo a la cama, ahora daba cuenta de que los pequeños dedos pertenecieron a un bebé. Eran demasiado pequeños para ser de un adulto. No dejaron mucho más, los neófitos más que sedientos habrían parecido caníbales o zombies al ensañarse con ese pequeño humano, sentí pena por él. En la cómoda había una fotografía que lo mostraba en vida junto a su padre y su madre..... Ella no estaba ahí.
    De pronto escuché su pregunta, quería saber si había encontrado algo más. Negué de inmediato moviendo la cabeza a los lados. Arrojó un sobre con papeles a un bote de basura metálico al que había prendido fuego, escuché esa característica carcajada suya. Estaba complacido de cuanto había pasado y logrado. Se acercó de nuevo y le miré, puso su mano en el hombro y me felicitó. Murmuró algo más y miré mis manos manchadas de sangre. Los neófitos se retiraban con él y con ellos la cordura de mi ser. Gruñí con enojo conmigo mismo, pero yo conocía esa sensación. Lo había vivido hacía muchos siglos atrás y también, hace exactamente 86 años.
    Por entre las sombras de varias tormentas, una luz se asomaba dejando al descubierto la mentira y la verdad. Lo haría pagar.......
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Mensaje por Arashikage Kenta Dom Jul 18, 2021 2:50 am

Primavera de 1181
Isla de Hokkaido,
montañas cercanas a la
llanura de Ishikari (futura Sapporo)

En aquella época la ciudad de Sapporo no existía. En su lugar se extendía una amplia llanura conocida con el nombre de Ishikari , hogar de un río del mismo nombre y era en realidad un asentamiento común del pueblo Ainu.
    Shintaro me había hablado de ellos cuando conocí a esa chica el invierno que justo terminaba. No tenía mucho conocimiento de ellos. De regular, no solían convivir mucho con nosotros, a pesar de vivir en la misma región, aunque ellos habitasen el valle y nosotros la montaña. No los culpaba. Éramos invasores y eso aún cuando la inmigración masiva de japoneses no comenzaría sino hasta mucho tiempo después.
    El encuentro fue lo más interesante que me hubiera pasado en años. La vida en el monasterio era tranquila, pero llena de deberes y rutinas. Pensé que no volvería a verla tras esa nevada.
    Pero ocurrió a eso del medio día. Ya contaba un par de semanas que uno de nuestros maestros más ancianos había permanecido postrado en cama debido a diferentes dolencias. En un comienzo se creía que era algo pasajero y alguna enfermedad propia de la edad, pero el tiempo pasó y no mostraba mucha mejoría. Se corrió el rumor desde días antes, de que si el maestro Masato no se recuperaba mandarían por las "kashikoi josei". De entrada, pensé que traería a esas "mujeres sabias" desde Hondo (Honshu en la actualidad) pues las únicas mujeres en Hokkaido eran precisamente las mujeres de la tribu Ainu y la mayoría en el clan tenían mucha precaución de entablar cualquier contacto con dicho pueblo. Lo sé, es extraño que un clan de ninjas tuvieran tanto recelo de interactuar con un grupo de mujeres, pero pronto entendería el por qué.
    Llegaron a mitad de nuestro entrenamiento antes del almuerzo; un par de los nuestros escoltando a tres individuos. Reconocí las gruesas túnicas exactamente como la que aquella chica vestía. Eran un hombre y dos mujeres; posiblemente no habrían querido dejarlas solas con esos dos extraños que se cubrían el rostro. Llevaba una tupida barba oscura que tocaba hasta su pecho y semicubría unos llamativos collares que complementaban el resto del atuendo. Todos en el entrenamiento nos quedamos intrigados, mirándoles pasar por la plaza central del monasterio. Eran tan hermitaños y celosos de su cultura que podría comparar el momento a un encuentro con alienígenas en el presente.
   Por supuesto que eran parecidos a nosotros, eran humanos, no es que fueran tan diferentes, era solo su cultura, la vestimenta y quizá un poco de sus rasgos. El hombre no tenía los ojos tan rasgados como las mujeres. Recordaba los ojos almendrados de 'Tesh' y de sorpresa, al ver a las mujeres, di cuenta de esos mismos ojos. ¡Era ella!
    Iba acompañando a la otra mujer que lucía mayor a ella. Es posible que Tesh fuera su ayudante o algo por el estilo. La noche anterior, cuando escuchamos por última vez que las mujeres sabias acudirían, escuché de otros compañeros lo que se decía de ellas. Según Arata, uno de los mensajeros del clan, los Ainu tenían a personas con dones especiales que después se entrenaban para convertirse en 'shamanes', que con los años podían sustituir a sus maestros y de esa forma pasar de generación en generación cuanto sabían. Y esa sabiduría incluía conocimiento sobre plantas, algunos veían el pasado y el presente, otros podían hacer hechizos y maldecirte, y según chismes escuchados en Honshu por el mismo Arata, podían convertir a personas en animales.
    ¡Menuda imaginación!, pensé divertido en el momento; en especial, porque nuestro compañero se veía por demás convencido de tal cuento. No obstante, tenía que admitir que había un aura especial en torno a esas mujeres, pero estaba seguro de que se debía a nuestras diferencias que a otra cosa.
    Recuerdo haber levantado mi mano en cuanto reconocí a la joven y, para mi sorpresa, una tímida sonrisa de su parte me dio la impresión de haberme reconocido de igual manera. El resto de la tarde y noche la dedicaron en atender al maestro, por lo que durmieron en el monasterio. Hubo incluso una cena para hacerles sentir bienvenidos, aún cuando solo aumentara las curiosidad de todos hacía ellos.
    Tesh no se veía de lo más sociable, constantemente mantenía la cabeza y mirada bajas y era el hombre de su tribu quien hablaba por ellas. Eso podía deberse a que ellas no hablaran nuestro lenguaje, recordaba lo poco que pudimos entendernos el uno al otro aquella nevada mañana. He ahí otra razón por la que el hombre las acompañaba. Cabe decir que la comunicación del hombre tampoco era la más clara, pero se daba a entender. Me dije que quizá podría saludarle a la mañana después, pero extrañamente, el hombre y la otra mujer cortaban toda oportunidad de que Tesh se comunicase con nadie en el monasterio. Tenía la impresión de temer que ella conviviese con nosotros. Por un lado lo entendí, éramos únicamente hombres, pero quería creer que teníamos un mínimo de modales.
    Se quedaron una noche más y eso había causado más revuelo entre todos en el clan. Por lo visto, nos hacía falta salir.
    Tesh pareció rebelarse un poco del yugo de sus cuidadores y esa noche, que todavía se sentía fría y se apreciaba sin luna, la dedicó a perderse entre los muros del monasterio y sin proponerselo, se topó conmigo y otros compañeros de clan. La invitamos a sentarse con nosotros y le ofrecimos una improvisada ceremonia de té. Al ofrecerle el humeante vaso de cerámica, tuve el presentimiento de que sería el comienzo de una especial amistad. Una que todavía recuerdo con singular cariño, todavía cuando fuera manchada por el cruel destino.


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Mensaje por Arashikage Kenta Mar Ago 24, 2021 2:34 am

Octubre de 2011
Montana, EUA.
7:30 am

Las nubes se cernían amenazantes sobre aquel pequeño pueblo montañoso. El cordón amarillo del FBI cerraba la entrada a la vivienda donde ocurrió el crimen. El forense llevaba a cabo su trabajo con sumo detalle, pero sus primeras teorías se antojaban algo distantes conforme a la realidad.
    Identifiqué la bolsa utilizada para trasladar cadáveres que usaban los peritos forenses, retiraban los restos del hombre que encontraron en el interior. Para mi sorpresa, su pareja salía tras los oficiales con un rostro pálido y completamente desencajado. No la culpaba, la muerte de su esposo había sido todo menos amable y un tanto peor la crueldad cometida con su hijo.
    Un agente de la CIA colocó una chaqueta de cuero sobre sus hombros y susurró algunas palabras a su oído. Ella no parecía reaccionar, se veía traumatizada, francamente muerta en vida. Ironía…..


~~~~~
Dos semanas después
11:25 am


El caso fue dado por concluido como probable ataque de animales salvajes. Muchos lo vieron lógico y aceptaron esa resolución, todos menos algunos agentes cercanos a la familia de la víctima y obviamente su esposa, quizá debiera decir “viuda”.
    Se condujo el funeral, propiamente occidental, ante pocos familiares, la viuda ocupaba el lugar predominante entre toda aquella comitiva. Todos se referían a ella al momento de mostrar su pesar. Todos la abrazaban y regalaban sus mejores palabras de consuelo. En ocasiones tuve la impresión de que se desvanecería ahí mismo, producto del dolor que se dibujaba de manera nítida en su rostro.
    Pero soportó, al menos hasta que todos se retiraron. Una pareja ya entrada en años se alejó y la esperó en el coche. Supuse que eran sus padres. Ella se echó a llorar, después de contenerlo por tanto tiempo. El cielo debió reconocer su tristeza,pues un trueno ahogó sus sollozos dando el aviso del arribo de la lluvia.


~~~~~
Washington DC
Una semana después
11:00 pm


No salió de su departamento por una semana. Y de no haber intervenido sus padres, se hubiera quedado recluída ahí por mucho más. Los primeros días no comía, después solo probaba bocado y volvía a su habitación para caer dormida, solo depués de que el llanto la hubiera cansado.
    Algunas noches se depertaba con pesadillas, seguramente producto de la terrible imagen que quedó en su memoria del cuerpo de su esposo. Quizá por eso tenía muchas fotos de él sobre su cama, quería volverlo a recordar como era en vida.
    ¿Y qué decir de su hijo? También sostenía una pequeña prenda en la mano, que solo soltaba cuando su sueño era demasiado turbio. Cuánto daño le había hecho. Cuan infeliz e indigno me sentía de verla sufrir. Y ahora que lo pensaba al verla, ¿cuántas vidas como la suya no habría destruído? ¿Cuántas maldiciones más caerían sobre mi al haber sido partícipe en algunas de ellas?
    Sin embargo, una verdad todavía peor saldría a relucir una de esas noches. Todo comenzó como una inocente preparación de su cena, un pequeño corte en su mano hecho por descuido al maniobrar el cuchillo y terminó con uno de sus dedos envueltos en un pañuelo de papel. El terror y la locura se apoderó de mi esa noche, pues en el fondo, estaba conciente de que no podría alejarme nuevamente de ella. No cuando la sangre te llama.


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